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El último jefe de estación / CONVOCATORIA LITERARIA: TE CUENTO FEDERAL

Antonio E. Silveyra | viernes, octubre 23, 2020 |

No importa cuánto tiempo pase, ciertos lugares de nuestra ciudad nos evidencian lo que pasó, si en Federal, hubo una estación de trenes de aquellas que marcan a un lugar, quienes vivimos aquí y tenemos más de treinta años sabemos de lo que estamos hablando, la estación del ferrocarril esta en el recuerdo de cada pasajero, y en sus andenes todavía quedaron estigmatizadas miles de sensaciones de aquellos que iban, volvían y se llevaban consigo sentimientos y destinos, es una postal más, forma parte de nuestra historia y aunque ya solo se recuerdan ciertas anécdotas, el tren fue parte vital de muchos federalenses. 


La estación tuvo un último jefe, y es de quien quiero contar aquí, cómo Don Raúl Acosta, fue el último en llegar y por qué siendo un adolescente de 16 años ya había forjado su destino con los trenes, los viajes y los pasajeros. Testigo de encuentros y despedidas, de alegrías, tristezas y desolaciones, supo encontrar en la Ciudad de Federal su lugar en el mundo y es recordado por muchos ciudadanos como El Jefe… El arribo a Federal… Todo comenzó en 1953 cuando la familia Acosta se traslada desde la Provincia de Corrientes a la Provincia de Entre Ríos, o más bien desde la Ciudad de Monte Caseros a una pequeña población llamada Villa Federal, en ese entonces Don Raúl Acosta tenía 4 años de edad. 

No había en ese entonces demasiados edificios, tampoco negocios ni calles pavimentadas, su padre un capataz de herrería del FFCC Argentinos, trasladado a este nuevo lugar y su madre costurera, él hijo mayor y dos hermanas. Fue a la escuela Nº59 (actualmente Escuela Nina Nº2) solo culminó el trayecto primario. Sin saber qué depararía el destino pero confiando en Dios y en las enseñanzas de su familia, siempre supo que debía ponerse a trabajar, porque no solo se es digno sino también se progresa, crece y madura, como cualquier fruta que cae del árbol en el momento indicado.  
El primer trabajo en FFCC Argentinos… El 16 de mayo de 1965 siendo prácticamente adolescente, entró a trabajar como mensajero, en la Estación de Trenes de Federal haciendo mandados, notificaciones y todo lo que sea necesario, en esa época, trabajar era imperante. Tiene firme ese día, porque fue el día que cambió su vida para siempre, creo que Dios le indicó el camino y su misión en esta vida. Trabajo intensamente con pasión, con ganas y agradecido por la oportunidad dada y esto tuvo su repercusión ya que su voluntad en aprender marcaria su destino. Adquiriendo experiencias… Un año después, fue trasladado a la ciudad de Concordia, pero ahora como telégrafo, haciendo la salvedad de que es zurdo, y teniendo en cuenta la estigmatización que sufrían en cuestiones de formación y aprendizaje el uso de la mano siniestra, aprendió con su mano derecha a usar dicho aparato, porque no existían los peros solo el deseo de aprender y mejorarse en este rubro que combinaba las operaciones de logística y comunicación de los viajes en tren. 

Tuvo bien claro que debía ser eficiente y que el cuerpo debe hacer lo que sea posible para cumplir con el objetivo, para Raúl ser zurdo jamás impidió ser telégrafo, se es lo que se debe ser dijo una vez un gran patriota. En 1973, seguía trabajando en Concordia; pero su vida estaba en Federal, su familia y amigos, siempre volvía, y en uno de esos encuentros conoció a una joven, con quien contrajo matrimonio, Raquel Odilia Monzón, una federalense ex enfermera y secretaria notarial, con quien tuvo nada más y nada menos que siete hijos. No fue difícil conocerla porque primero conoció a su hermano, y no tardó mucho en llegar a visitarla en el tren de las 16, porque tenía que ser su esposa, así lo quiso y así es, por lo menos es su versión. 

Raquel no tuvo más remedio que adaptarse a que estuviese lejos con las complicaciones que eso trae, sabía que alguna vez sería trasladado vendría a trabajar al pueblo, pero no se imaginó cómo. Y aunque el tiempo pasó, esto sirvió para que se profesionalice en sus tareas. En aquel entonces el ferrocarril fue comunicación, correo, trabajo y redes por pequeños pueblos y grandes ciudades, una experiencia inolvidable para niños y grandes, Raúl, fue ascendido por una vacante en 1974 ya no como telégrafo, sino como Auxiliar de Estación en General Campos, luego Estación Yeruá, en esta última tuvo un breve paso, seguramente se lo merecía, creo que se lo ganó y todo esto lo acercaba más a su familia que lo esperaba cada viernes en el andén con una sonrisa mirando a lo lejos llegar la locomotora. 

En 1974 vuelve a Concordia como Telégrafo Profesional, mejor dicho Telegrafista Cable Operador, había estudiado en la Dirección General de Correo y Telecomunicaciones, y aunque todo pareciese complejo de entender, no lo es para quienes lo hacían con amor y pasión, si te gusta tu labor entonces no hay cansancio ni agotamiento, siento que había nacido para esto al escucharlo hablar. En 1978 regresa a Federal, como Auxiliar de Estación, aunque estuvo relevando en otras estaciones aledañas como Bovril, Alcaraz, Los Conquistadores, La Criolla, Estación Km 347, Concordia, Monte Caseros, Estación Cabré entre otras, siempre iba a laborar donde hacía falta, y si no había nadie lo hacía él, no quedaba solo en su puesto jerárquico, sino que hacia lo que podía y lo que este a su alcance. 

Existe una anécdota, donde estaba él por falta de personal en un cruce, una señora encontró a su suegra y le comentó que Raúl estaba limpiando baños, horrorizada no lo podía creer, y es que si hacía falta también podría resolver el inconveniente de la limpieza y la ausencia de personal de maestranza. El último jefe de estación de trenes… Desde 1983 se desempeñó como Jefe de Estación Federal, tanto soñó volver a trabajar en su pueblo y vivir con su familia y se hizo realidad, las labores que realizaba en este cargo eran la administración general de la estación, la contabilidad y las operaciones administrativas, movimiento del personal, entre otras tantas, fueron diez años dorados de su desempeño como Jefe, le ha merecido premios y placas, algunas están aún en la Estación apostadas, era un orgullo porque se reconocía el trabajo y la dedicación a mejorar no solo la atención a los pasajeros sino la labor misma de cada integrante de la estación, y hasta se mudó junto con los suyos ; sus hijos tenían un patio de juegos indiscutidos, la plazoleta y el mástil… fue una hermosa época, inolvidable y emotiva, y es por eso que admiro tanto a papá, el último jefe. 

Siempre es bueno tener ideales políticos y saber donde uno está parado, durante el segundo periodo democrático (1987-1991) luego de la última dictadura militar , asumió como Concejal del Partido Justicialista, fiel a sus ideales peronistas se quedó hasta el final poniendo la cara en los duros momentos que atravesaba la intendencia de ese entonces. También integraba el gremio “Unión Ferroviaria”, donde fue presidente en los años 1984-1985. Don Raúl, era una autoridad más en la ciudad, aquel que invitaban a los actos oficiales, escolares, a quienes pedían donaciones y debía estar presente, incluso con el Padre Cura de la ciudad, por esta razón todos me preguntan por él hasta hoy, muchos guardan en sus recuerdos a Raúl, como el señor del tren, el concejal, el gremialista… Debido a la privatización de la empresa estatal Ferrocarriles Argentinos, durante la presidencia de Carlos S. Menem, muchos empleados quedaron desafectados de la misma y él no tuvo una suerte diferente, muchos pueblos de los alrededores perdieron el único contacto que tenían con los alrededores y su fuente de trabajo, pueblos callados, chiquitos, ignorados. Varios de los ex ferroviarios entraron en depresión, otros lograron seguir en el trabajo, otros no fueron los mismos. 

Fue un golpe duro, como una muerte, se debía hacer el duelo y después seguir adelante y eso fue lo que pasó, y aunque tuvo ofertas relacionadas con la política, no podía volver a dejar Federal y no estaba seguro si podía trabajar de algo que no estaba preparado. Su vida había quedado en el ferrocarril pero salió adelante porque es lo que sabía hacer, de a poco y con ayuda de su familia y algún amigo que quedó sosteniendo su mano. El ex Jefe de Estación reside en una casa del ferrocarril, duerme a metros de las vías que transformaron su vida desde adolescente, es jubilado, aun sigue llevando pasajeros, pero ahora en su taxi y es feliz, pasa sus días viajando, conversando con la gente, y jugando con sus nietos, es un hombre pleno y eso es lo que vale la pena contar. Autora: Florencia Acosta 

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