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DONOVAN: APELLIDO QUE NOMBRA UNA CALLE E HISTORIAS QUE TOCAN EL AYER FEDERALENSE

Antonio E. Silveyra | sábado, junio 09, 2018 |

Darío H. Garayalde, escribe para el diario El Heraldo de Concordia, en los últimos días, una nota de opinión titulada: Mis recuerdos del Coronel Samuel Donovan. Comienza diciendo, "la excelente nota de María del Rosario Echeverría del pasado jueves sobre la Banda del Regimiento 6 de Caballería y los merecidos elogios que le prodigó, avivó mis recuerdos y notas sobre Domingo Maracci y su amistad con el coronel Samuel Donovan a quien tuve el gusto y la fortuna de conocer y tratar con alguna asiduidad desde niño".

EL AUTOR DE LA CRÓNICA APARECE CON SAMUEL DONOVAN EN LA FOTO.
En la foto con la que acompaño esta nota, don Samuel era ya un anciano, tenía 70 años y en ese tiempo realmente eran muchos y naturalmente, a su lado yo era muy joven, 22 años. Sin embargo era un hombre que solía ser muy entretenido, a pesar de su parquedad natural. Era cuestión de encontrar temas sobre los que se sintiera cómodo al relatarlos y en esos casos su charla se tornaba sugestiva y mágica. 
FOTO. DESDE FEDERAL. ESQUINA DONOVAN Y PARANÁ
Solo lamento no haber tenido en aquel tiempo suficientes conocimientos como para indagar un poco más sobre su actuación militar en la “Campaña del Chaco”. En nuestras conversaciones siempre restó importancia a su papel en ella. Sin embargo ese mismo papel debió de ser importante, ya que mereció la creación de una marcha en su honor “Teniente Donovan” del Sargento 1º de Banda Domingo Maracci. Dedicado al mayor Samuel Donovan cuando este era Jefe de Patrullas donde hubo algunas acciones militares en esa “Campaña del Chaco”. 

Al pie del original dice “Dedicado al Mayor Samuel A. Donovan ‹Campo Largo›” (Chaco) 25/12/1913. Maracci era entrerriano, nacido en La Paz el 27/11/1881. Se incorporó al Ejército en el Regimiento 6 de Caballería de Línea en 1907 como maestro de trompas. Curiosamente, don Samuel nunca me tuteó, a pesar de conocerme desde niño y siempre mantuvo esa distancia, como estilaban antes los mayores. No así su señora Elena, que no solamente me tuteaba sino que también me retaba, cuando hacía falta, lo mismo que Elenita, hija de ambos. 

Don Samuel tenía una aguda mirada sobre la gente y sabía distinguir con facilidad los rasgos de personalidad de cada uno con bastante precisión, como un resabio seguramente de su extensa vida militar. Había en ese tiempo en su estancia un peón que tenía un estatus un poco por encima de los demás, por ser muy observador y por saber resolver cualquier problema. A mí me llenaba de admiración su destreza y también su astucia, se llamaba don Sena, creo que nunca supe su nombre o al menos no lo recuerdo. Me decía don Samuel, “mire Ud. aunque parece un hombre mayor, solo tiene 58 años y desde los 10 no ha dejado de cuidar vacas y de cortar leña. No sabe leer ni escribir, solo firma trabajosamente. 

Nunca quiso que Elena le enseñara. Decía que no valía la pena. Pero si Ud. conversa con él, sigue la conversación perfectamente. Toda su vida transcurrió aquí, a menos de 20 kilómetros de Federal, salvo una vez que trajo un arreo desde Juan Pujol en Corrientes, eso es todo lo que conoció, pero dudo que haya ido más de 15 veces a Federal en su vida. Si le pregunta por qué, le dirá que está satisfecho con su vida y que no ve necesidad de cambiar nada. 

Cuando tiene necesidad de mujer, va a unas ranchadas a no más de una legua y listo. A su modo es un hombre feliz, seguramente más que nosotros a pesar del estrecho mundo que su vista recorre a diario, pero, seguramente no necesita más porque en él se desenvuelve con comodidad”. Corroborando lo dicho por don Samuel, a mí me intrigaba que por ejemplo, que para hacer arrancar el motor del generador, lo llamaran a don Sena. 

Aunque a la tardecita ya se arrimaba a la matera para mostrar que ya estaba a mano para su tarea. Su única herramienta era su cuchillo. Tomaba un cuero seco y de este cortaba tientos con los que sujetaba los tornillos del carburador del viejo motor y le daba la tensión perfecta con esas guasquitas. Luego de algunas maniobras similares, se iba al centro de la polea de transmisión y comenzaba a hacerla correr a mano. Luego de dos o tres vueltas de la polea, ahí nomás, el viejo motor cobraba vida y arrancaba con su repiqueteo intermitente y parejo. 

Lo curioso es que era el único que lo podía hacer arrancar. Me contaba don Samuel que en 1911 se creó la Fuerza de Operaciones del Chaco y fue puesta al mando del coronel Enrique Rostagno. Esta fuerza tenía por finalidad eliminar las “fronteras interiores” con el aborigen, consolidar la línea de fortines sobre el río Bermejo para conseguir la ocupación total del Chaco Central hasta el límite con el Paraguay en el río Pilcomayo. Con asiento en Fortín Tostado (Santa Fe) el Ejército finalmente se movió y luego de una agobiante marcha de varios días arribó al Km 177 del ferrocarril que debía unir Barranqueras (Chaco) hasta Metán (Salta). 

Allí se hizo cargo el comandante Carlos Fernández el que dispuso la fundación de un pueblo, que se llamó “Picada de Sáenz Peña” como estación intermedia en la vía proyectada. También los regimientos fundaron “Presidencia de la Plaza”. Esta División de Caballería completa estaba compuesta por los Regimientos 5º, 6º, 7º y 9º los que debían operar desde Presidencia Roca, Tostado, Resistencia y Formosa respectivamente. El ferrocarril en construcción debía unir Puerto Barranqueras (Chaco) con Metán (Salta) en cumplimiento de la ley 5559 de 1908, llamada de “Fomento de los Territorios Nacionales”. 

Así nació Sáenz Peña- Presidencia de la Plaza- Rivadavia- El Zapallar. Los Regimientos fundaron 5 pueblos: Nuevo Pilcomayo- Pozo de Fierro- Presidencia Roca- Kilómetro 521 (de la línea férrea Formosa- Embarcación. De acuerdo a lo que me contaba, eran jornadas que ponían a prueba la resistencia de hombres y bestias, ya que a los caballos y mulas no les iba mucho mejor que a los soldados. 

 A pesar de haber iniciado la campaña en pleno invierno, a esa altura ya tenían el verano encima y este se hacía sentir. Como oficial subalterno, al caer la tarde debía elegir el paraje de detención, organizar los campamentos (debía olvidar el cansancio acumulado en jornadas de más de diez horas) y encargarse del armado de las carpas, de los caballos que se les diera de comer, que se repararan los arreos, disposición de los fogones, visitar a los soldados enfermos y organizar las guardias, no sólo por los indios sino también por las fieras que merodeaban los campamentos. 

Hubo más ataques de yaguareté que de indios, los cuales casi no se hicieron ver. A las fatigosas marchas se debía agregar la de atravesar un territorio con muy poca agua, en los vivacs se debía extremar los cuidados con las abundantes víboras venenosas, el mosquito que ataca a toda hora sin parar un instante. Además durante el día, aparecen los mbarigüis y por la noche también estos llamados también “polvorines”, son pequeños insectos que atraviesan los mosquiteros. Allí el sol del Trópico de Capricornio se desploma implacable con temperaturas que durante el día pueden llegar a los 50º. 

Este fue el escenario de ese relato del coronel Samuel Donovan, ilustre soldado argentino que hizo, igual que su amado Ejército, una parte importante de nuestra Patria en difíciles circunstancias y escenarios. Afortunadamente tuve el buen sentido de tomar nota de las cosas que me contó y conservé hasta hoy en que lo cuento luego de tantos años. Alguna vez he dicho que me precio de pertenecer a una generación que puede juntar ese pasado histórico, con este presente informático, de telefonía celular que nos permite abarcar todo el planeta en un instante y establecer un rumbo seguro con un geoposicionador satelital, sin ningún conocimiento de astronomía ni de cálculos matemáticos básicos. 

Esto reafirma mi convicción de que no hay manera de interpretar la historia sino a través de una visión de conjunto. Los hechos históricos no existen aisladamente, reconocen causas y producen efectos, tienen antecedentes y se proyectan al futuro. Somos al mismo tiempo protagonistas y herederos de la historia. Y algunos hemos tenido la suerte de haber transitado ambas épocas y haber visto el desarrollo de estos fantásticos inventos que simplifican la vida, pero imposibles de imaginar siquiera en esos tiempos. (Fuente: Diario EL HERALDO) 

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